Todavía no hemos convertido el reciclaje en un hábito simple, masivo y confiable

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· En MB Ambiental inauguramos nuestra sección de entrevistas para escuchar la opinión de los grandes actores del mundo del reciclaje y de la sostenibilidad en Chile.

· En un diálogo fructífero, conversamos con Isidro Pereda sobre la Ley REP, sus logros y oportunidades. Desde su vasta experiencia nos planteó propuestas y claves para sobrellevar las actuales barreras de la Ley, destacando que hoy en día “no se puede responsabilizar a la ciudadanía por un hábito que el sistema todavía no hace fácil”. Abordamos el futuro del reciclaje, el necesario cambio cultural y el liderazgo de la mano del Líder Vitamina 2026.

  1. Isidro, ¿qué se puede destacar de la Ley REP en 2026?

Lo primero es que la Ley REP ya dejó de ser una buena intención y pasó a ser una transformación concreta del sistema de gestión de residuos en Chile. En 2026, lo más relevante es que la responsabilidad por los residuos comienza a desplazarse, de manera más real, desde el municipio y el ciudadano hacia el productor, que es precisamente el corazón de la REP. La Ley creó un marco para que los productores financien y organicen la recolección y valorización de productos prioritarios, y en envases y embalajes ya existe una estructura operativa para avanzar en cobertura y cumplimiento.

Desde mi experiencia, incluyendo mi participación en la fundación de ReSimple, veo que el gran mérito de esta etapa es que la REP obligó a sentar a la misma mesa a empresas, municipios, gestores, recicladores de base y reguladores. Eso, por sí solo, ya cambió la conversación en Chile.

También destacaría que la Ley REP abrió una oportunidad histórica para profesionalizar una industria que durante años fue fragmentada. Yo lo he visto desde distintos ángulos: en ReSimple, pero también en mi trayectoria liderando empresas como DSI, ReciclaMás, ReSur y RHOS. La REP está empujando estándares más altos de trazabilidad, gestión, cumplimiento y operación.

Ahora bien, no hay que sobredimensionar los avances. Chile sigue teniendo un sistema de residuos muy dependiente del relleno sanitario y con una valorización todavía baja en residuos municipales. La OCDE advirtió que más del 90% de los residuos municipales aún se dispone en vertederos o rellenos, y que el reciclaje sigue siendo bajo, por lo que 2026 no es un punto de llegada, sino un punto de inflexión.

  1. ¿Y cuáles son las principales barreras de la Ley REP?

La primera barrera es la brecha entre norma y realidad operacional. Es mucho más fácil escribir metas en un decreto que construir en terreno la logística, la infraestructura, los contratos, la educación ciudadana y los mercados de valorización que se necesitan para cumplirlas.

La segunda barrera es la asimetría territorial. Chile no es un solo mercado homogéneo. No es lo mismo operar reciclaje en comunas urbanas densas que en territorios aislados o con baja escala. La REP debe convivir con esa realidad.

La tercera barrera es la falta de infraestructura y capacidad instalada. América Latina y Chile arrastran déficits en infraestructura para gestión de residuos y cadenas productivas que usen material reciclado. La CEPAL ha insistido en que la región tiene una oportunidad, pero también una brecha importante en infraestructura y desarrollo de mercados circulares.

La cuarta barrera es la debilidad del mercado final. Recoger no basta. Clasificar no basta. Valorizar no basta si después no existe una demanda robusta y permanente por el material reciclado. Si no fortalecemos la demanda, el sistema se tensiona tal como está pasando en los gránulos de caucho que se fabrican de los NFU (neumáticos fuera de uso).

Y la quinta barrera es cultural: todavía no hemos convertido el reciclaje en un hábito simple, masivo y confiable.

  1. ¿Cómo sobrellevarlas?

Con cinco cosas muy concretas: Primero, con implementación gradual pero disciplinada, sin improvisación. Segundo, con más colaboración público-privada. Tercero, con estándares operacionales y trazabilidad real. Cuarto, con integración efectiva de recicladores de base, no sólo declarativa. El propio Ministerio ha seguido reforzando esa línea en instrumentos recientes. Y quinto, con creación de mercado para el material valorizado, incluyendo compras públicas, ecodiseño e incentivos al uso de contenido reciclado.

  1. Dijiste que reciclamos poco, que dos de cada tres hogares no reciclan y los que sí lo hacen, no reciclan todos los materiales. ¿Cómo crees que debe promoverse la participación ciudadana considerando que en nuestro país no existen incentivos -ni positivos ni negativos- para reciclar?

Partiría diciendo algo incómodo pero necesario: no se puede responsabilizar a la ciudadanía por un hábito que el sistema todavía no hace fácil. Distintos estudios recientes muestran que existe disposición declarada a reciclar, pero eso no se traduce en desempeño real; además, las barreras más repetidas siguen siendo la falta de infraestructura cercana, la falta de costumbre y la falta de información. En 2025, por ejemplo, una encuesta nacional reportó que 53% declara reciclar, pero las tasas reales de reciclaje domiciliario siguen por debajo del 10%, y otra medición mostró que la falta de puntos de reciclaje cercanos es una de las trabas principales.

Entonces, la participación ciudadana no se promueve sólo con campañas; se promueve diseñando un sistema conveniente. Mi mirada es que hay cuatro claves:

La primera es hacer fácil el reciclaje. Si una persona tiene que caminar mucho, entender demasiadas reglas o dudar si el material se recicla o no, el sistema pierde.

La segunda es dar retroalimentación visible. La gente necesita saber que lo que separó fue efectivamente gestionado y valorizado. La confianza mueve conducta.

La tercera es trabajar con normas sociales, no sólo con discursos ambientales. Cuando reciclar se vuelve parte de la identidad de barrio, comunidad, edificio o colegio, crece mucho más rápido.

La cuarta es crear incentivos inteligentes, aunque no sean necesariamente monetarios. Puede ser reconocimiento comunitario, beneficios locales, programas en edificios, trazabilidad por comuna, o incluso mecanismos futuros tipo “paga menos quien separa mejor”, cuando el sistema esté más maduro.

En otras palabras: sin incentivos formales, igual se puede avanzar, pero no a punta de culpa. Se avanza con diseño de experiencia, educación práctica y conveniencia.

  1. ¿En qué debiera centrarse la educación medioambiental?

En mi opinión, la educación medioambiental en Chile debiera salir de la lógica puramente teórica y centrarse en hábitos, criterio y responsabilidad compartida.

Primero, debe enseñar qué hacer en la práctica: qué separar, cómo separar, qué sirve, qué no sirve, cómo evitar contaminar materiales.

Segundo, debe enfocarse en prevención y reducción, no sólo en el reciclaje. El reciclaje es importante, pero no puede transformarse en una coartada para seguir consumiendo igual.

Tercero, debe conectar el residuo con su impacto económico, sanitario, territorial y climático. Cuando las personas entienden que la basura no “desaparece”, cambia la percepción.

Cuarto, debe enseñar economía circular, no sólo “cuidado del planeta”. Es decir: diseño, reutilización, reparación, compostaje, reciclaje y mercado para materiales secundarios.

Y quinto, debe formar ciudadanía, pero también consumidores más exigentes y empresas más responsables.

En resumen, la educación ambiental debiera formar personas que no sólo reciclen, sino que tomen mejores decisiones antes de generar el residuo.

  1. ¿Cuáles son los próximos desafíos en el mundo del reciclaje en Chile y en la región del Cono Sur? Veo al menos seis grandes desafíos.

El primero es aumentar la recolección efectiva con calidad, no sólo volumen. El material mal separado o contaminado destruye valor.

El segundo es desarrollar mercados finales más robustos para plástico, cartón, vidrio, metales y nuevas corrientes de residuos. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha destacado que la innovación, la digitalización y una mejor gestión de datos son parte del futuro del reciclaje en la Región.

El tercero es incorporar más tecnología, tanto en clasificación como en trazabilidad, control operacional y reducción de rechazo.

El cuarto es integrar al reciclador de base de manera digna, productiva y formal, porque no hay transición circular seria en Latinoamérica si se deja fuera a quienes históricamente han sostenido parte importante de la recuperación de materiales.

El quinto es mover la conversación desde reciclar más hacia generar menos residuos. Ahí entran el ecodiseño, la reutilización y los sistemas de retorno.

Y el sexto es regionalizar la economía circular. En el Cono Sur necesitamos más interoperabilidad normativa, más aprendizaje compartido y más mercado regional para materiales y soluciones circulares. La CEPAL ha planteado precisamente la economía circular como una transformación productiva que requiere articulación pública, privada y regional.

  1. Desde tu perspectiva profesional y personal, ¿cómo visualizas el reciclaje en cinco años más?

Yo soy realista, pero optimista.

En cinco años más visualizo un reciclaje bastante más presente en la vida cotidiana de Chile: más comunas con recolección segregada, más hogares incorporados, más trazabilidad, más presión regulatoria y más profesionalización del ecosistema.

No creo que el cambio venga sólo por conciencia. Va a venir por una mezcla de regulación, operación, tecnología y cambio cultural. Y eso es bueno, porque significa que dejaremos de depender exclusivamente de la buena voluntad.

También creo que en cinco años el reciclaje ya no se va a mirar como una actividad aislada, sino como parte de una conversación más amplia sobre economía circular, seguridad de abastecimiento de materiales, descarbonización y competitividad empresarial.

En lo personal, me gustaría ver un sistema más maduro, menos declarativo y más serio. Un sistema donde el ciudadano sepa exactamente qué hacer, donde el municipio tenga un rol claro, donde el productor asuma su responsabilidad con convicción y donde el gestor sea evaluado por su desempeño real.

Mi esperanza es que en cinco años más no estemos discutiendo si reciclar importa, sino cómo escalar mejor la circularidad.

  1. Publicaste tu libro en 2025, ¿qué se viene para el Líder Vitamina en 2026?

Líder Vitamina nació como una convicción personal y profesional: los cambios difíciles no se sostienen sólo con estrategia, procesos o regulación; se sostienen también con energía humana, sentido y liderazgo que eleva a otros.

En 2026, mi foco es seguir profundizando ese concepto. Porque hoy más que nunca necesitamos líderes que no sólo sepan de negocios, sostenibilidad o regulación, sino que sepan movilizar personas, construir cultura y dar dirección en entornos de alta incertidumbre.

Mi experiencia como gerente general de empresas como ReSimple, DSI, ReciclaMás, ReSur y RHOS me mostró algo muy claro: los sistemas cambian cuando las personas cambian. Y las personas cambian mejor cuando tienen propósito, exigencia sana y una conducción que no desgasta, sino que potencia.

Por eso, para 2026, veo a Líder Vitamina expandiéndose en tres planos: como conversación sobre liderazgo, como herramienta práctica para equipos y organizaciones, y como una invitación a liderar con más humanidad, más carácter y más impacto.

Si la Ley REP habla de hacernos responsables de lo que ponemos en el mundo, Líder Vitamina habla de hacernos responsables de la energía que ponemos en los equipos, en las organizaciones y en la sociedad.

Isidro Pereda, gerente general de ReciclaMás, revisa los desafíos pendientes.

escrito por María Fernanda Baldrich Advis

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