Conversamos con Andrés Jensen Velasco, asesor experto en Economía Circular, Ley REP, coprocesamiento y director en ReSimple. Entre numerosos temas, nos contó sobre la importancia de Chile en el ámbito del reciclaje a nivel Sudamericano, los desafíos para mejorar la participación ciudadana y sobre la contención del avance del cambio climático en nuestro país.
¿Por qué es importante el coprocesamiento en la economía circular?
El coprocesamiento es una herramienta fundamental dentro de la economía circular porque permite cerrar el ciclo de gestión de materiales que no pueden reciclarse de manera convencional. Siempre existirá una fracción de residuos que, por su composición, contaminación o degradación, no puede reinsertarse en nuevos procesos productivos mediante reciclaje material.
En ese contexto, el coprocesamiento ofrece una alternativa de valorización energética y, en algunos casos, también material, evitando que esos residuos terminen en rellenos sanitarios. Esto permite recuperar valor de materiales no reciclables, reemplazar combustibles fósiles y materias primas vírgenes, y reducir emisiones asociadas a la disposición final.
Yo suelo decir que el coprocesamiento actúa como una “válvula de alivio” del sistema de economía circular. Sin una solución para la fracción no reciclable, el sistema pierde sostenibilidad técnica, ambiental y económica. Por eso, los países más avanzados en economía circular integran distintas formas de valorización complementarias entre sí: reutilización, reciclaje, compostaje, digestión anaeróbica y valorización energética, entre otros.
El desafío no es elegir entre reciclaje y coprocesamiento, sino entender que ambos cumplen roles distintos y complementarios dentro de una gestión moderna y sostenible de residuos.
¿Cómo ves a Chile en cuanto al reciclaje y sostenibilidad a nivel Sudamericano?
Chile hoy es claramente un referente regional en sostenibilidad y economía circular. La implementación de la Ley REP en Chile ha generado muchísimo interés en la región porque representa un cambio estructural en la forma de gestionar los residuos. Muchos países están observando muy de cerca la experiencia chilena para aprender tanto de sus éxitos como de sus desafíos.
Además, Chile ha mostrado liderazgo en temas como transición energética, descarbonización, energías renovables y desarrollo de mercados asociados a la valorización de residuos.
Por supuesto, todavía existen desafíos importantes: aumentar y mejorar la participación ciudadana, fortalecer infraestructura, mejorar trazabilidad y generar más capacidades locales. Pero, comparativamente, Chile ha avanzado más rápido que el resto de la región y hoy tiene la oportunidad de consolidarse como un verdadero laboratorio latinoamericano de economía circular.
¿Cuál es tu opinión con respecto a la implementación de la Ley REP hasta ahora?
La Ley REP está marcando un paso histórico para Chile y, en términos generales, creo que el balance es positivo. Hemos visto productores comprometidos, además de gestores y valorizadores que se han atrevido a innovar, invertir y desarrollar nuevas capacidades.
Sin embargo, también ha quedado claro que implementar una transformación de esta magnitud es tremendamente complejo. Las metas son muy ambiciosas y eso obliga a construir soluciones “multi actores”, donde el diálogo, la cooperación público-privada y el trabajo técnico en equipo, son fundamentales.
Los primeros años de implementación han dejado aprendizajes muy valiosos. Hoy se hace evidente la necesidad de reglas claras, sistemas de gestión muy enfocados en cumplimiento, coordinación eficiente entre actores y ajustes regulatorios que permitan consolidar el modelo.
Creo que será clave revisar ciertos aspectos como:
-Las estrategias de sensibilización y educación ambiental de la ciudadanía.
La gradualidad y realismo de algunas metas. -El reconocimiento de distintos flujos de valorización. -La incorporación de otras alternativas complementarias de valorización, como el coprocesamiento. -El fortalecimiento del rol de los municipios.
Dos de cada tres hogares no reciclan y los que sí lo hacen no reciclan todos los materiales, ¿cómo podría promoverse la participación ciudadana para aumentar el volumen reciclado?
El principal desafío es cultural y educativo. Para lograr cambios masivos y sostenibles necesitamos una estrategia nacional de educación ambiental orientada a la economía circular, con mensajes simples, claros, transversales y permanentes.
Creo que, en general, las personas sí quieren hacerse parte, pero el sistema muchas veces es confuso: distintos materiales aceptados y diferentes criterios de segregación entre municipios generan desinformación y desmotivación.
Por eso pienso que es fundamental avanzar hacia una mayor estandarización nacional de la segregación en la fuente. Idealmente, y asumiendo que avanzamos en las capacidades necesarias a lo largo del país, un ciudadano(a) debería segregar de la misma manera en cualquier comuna del país.
También es clave acercar el reciclaje a las personas:
-Más infraestructura de recolección diferenciada. -Sistemas simples y cómodos. -Incentivos positivos. -Información transparente sobre qué ocurre realmente con los residuos entregados.
Cuando las personas entienden que su esfuerzo tiene un impacto concreto y ven resultados, la participación aumenta significativamente.
Finalmente, la educación debe comenzar desde edades tempranas. La economía circular debería formar parte natural de la cultura ciudadana y del sistema educativo.
Acerca del cambio climático, ¿qué medidas en Chile son las más valiosas para contener su avance?
Chile tiene una oportunidad enorme de transformarse en un referente global en acción climática, porque posee condiciones naturales y capacidades técnicas muy favorables.
A mi juicio, hay tres áreas especialmente estratégicas:
-La transición hacia una matriz energética limpia y renovable. Chile ha avanzado de manera muy significativa en energías renovables, especialmente hidráulica, solar y eólica, y tiene potencial para seguir liderando en la descarbonización energética mediante investigación y desarrollo, como en el hidrógeno verde, por ejemplo.
-Una gestión moderna y sostenible de residuos. La valorización material y energética de residuos puede contribuir enormemente a reducir emisiones de gases de efecto invernadero, disminuyendo la disposición en rellenos sanitarios y reemplazando combustibles fósiles y materias primas vírgenes.
-Las soluciones basadas en la naturaleza. Chile tiene atributos excepcionales en ecosistemas, bosques, océanos y biodiversidad. La protección y restauración de estos sistemas naturales será clave tanto para mitigación como para adaptación al cambio climático.
El gran desafío será integrar estas estrategias dentro de una visión país de largo plazo, donde sostenibilidad, competitividad y desarrollo económico avancen juntos.
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Escrito por: María Fernanda Baldrich Advis
ReSimple Andrés Jensen Velasco

